jueves, 29 de julio de 2010

Samtosha y Svadhyaya cotidiana

Ha sido como abrir las compuertas. Primero un atisbo de desanimo, después una marea de tristeza. Una emoción que nace muy dentro y que se abre paso como un torrente entre las nieves de la cumbre en primavera. No es algo puntual, del momento, sino un madurar lento. No tiene un lugar claro en que se inicia, pero vas descubriendo atisbos, pequeños rastros de su presencia. Está más allá de lo racional y solo lo sientes, no tienes pruebas físicas de su presencia. Pero lo sientes, ¡Dios, si lo sientes!

Es, por tanto, momento de hacer balance, de mirar atrás y adelante, de analizar, de escuchar al corazón, de oír al alma. Está claro que algo no funciona.

¿Me he cansado del yoga?- Es lo primero que pienso, pero no es así. No siento esta sensación cuando hago yoga; o al menos no solo cuando hago yoga.

Rebobinado. Hay que empezar por el principio.

¿Qué siento? Es algo que va más allá del yoga. Tengo muy claro en mi interior que el camino es, hacer siempre lo máximo que se pueda. No ser como las gallinas, que emplean su vida por entero a escarbar la tierra buscando alimento. No puede limitarse a ir del trabajo a casa y viceversa. Tengo aspiraciones. Tengo fe en el camino; creo que el esfuerzo en cada cosa que hago, me hace mejor. Tengo fe en que ese hacerse mejor es acercarse a la Fuente. Estoy convencido que esa Fuente está en mí, porque yo soy reflejo de Ella. Mi práctica es eminentemente interior; espiritual, de búsqueda de mi esencia. Meditación, lectura, estudio, reflexión, atención a mi yo…Tanto es así, que me recuerdo a mí mismo, que el equilibrio está en la vía del medio y que además de lo inmaterial, se debe trabajar lo material, el cuerpo, y me obligo a ir al DIR sabiendo que necesito de una disciplina que no encuentro en la práctica física personal. El cuerpo se queja y me impongo seguir la clase y hacer siempre lo máximo que pueda. Y no me sabe mal, ni me cuesta mentalmente ese esfuerzo físico. Y una vez acabado, siento los beneficios. En el plano interior, siento mi encaje en el camino y estoy feliz de ver ese camino. Quiero recorrerlo y mantengo esa ilusión por avanzar, no para ser mejor (que también), sino para ser más fiel reflejo de Dios, porque estoy convencido que esforzándome en ese sentido, cumplo mi función en este mundo y esta vida. A fin de cuentas, cada uno tiene su misión y a ella se debe. Toda la teoría que podamos conocer, no tiene gran valor si no va acompañada de práctica. La función de la teoría es darnos conocimiento para actuar. Si no es útil, no sirve de nada. Eso lo tengo muy presente y siempre procuro usar esta sabiduría que voy descubriendo para saber que camino he de tomar. Y funciona, veo que las cosas se desarrollan de forma armónica a mí alrededor. Y esto me reconforta y alimenta mi fe para seguir haciendo camino.

¿Si todo es tan fantástico, qué pasa? La respuesta no está fuera, está dentro de mí. ¿Simple y normal envejecimiento del cuerpo que conlleva disminuciones?, ¿limitaciones o minusvalías?, ¿auto engaño?, ¿frustración?, ¿conflictos personales por resolver? Muchas cosas se agolpan en mi mente llamando mi atención. Llevo meses mirando dentro de mí y no alcanzo a iluminar. La felicidad no se traduce en alegría y eso es un síntoma. ¿Acaso me estoy engañando a mí mismo y la aridez llena mi interior como tierra yerma donde nada crece? Hace tiempo que sé que algo no acaba de estar en su lugar, pero aún no he conseguido saber que es.

Hoy lo comentaba con Marian y él me decía que debo cambiar mi práctica, que cuando nos acostumbramos a una cosa necesitamos variarla para que el tedio y la desilusión no nos venzan.

Retomo este escrito ocho meses después y al leerlo me sacude. Cuantas dudas encierra. Y la respuesta estaba implícita. Aceptación y autoindagación. Samtosha y Svadhyaya.

Muchos cambios se van produciendo en la vida y aceptarlos con el corazón no es lo mismo que decir que si. Requiere un tiempo y un periodo de adaptación. La verdadera sabiduría es comprender la existencia. Ilusionarse por los logros personales sin valorarlos en mucho o poco, solo en positivo. Bien o mal, bello o feo, son solo las dos caras de la misma moneda que es siempre subjetiva. La limitación es solo mental, una expectativa frustrada, un deseo inalcanzable. Como humano que soy, y que no ha alcanzado la perfección, he de guardar el duelo por lo que se va. Enterrarlo y dejarlo marchar, y a continuación seguir el camino con fuerzas renovadas.

He acabado el duelo, y ahora me siento bien. He dado un paso más.

jueves, 22 de julio de 2010

La novia de Corinto

Este poema escrito por Wolfgang Goethe en 1797 me ha maravillado. En él critica la nueva religión que compara con una planta venenosa.

Procedente de Atenas, a Corinto

llegó un joven que nadie conocía.

Y a ver a un ciudadano dirigióse,

amigo de su padre, y diz que habían

ambos viejos la boda concertado,

tiempos atrás, del joven con la hija

que el cielo al de Corinto concediera.

-

Pero es sabido que debemos caro

pagar toda merced que nos otorguen.

Cristianos son la novia y su familia;

cual sus padres, pagano es nuestro joven.

Y toda creencia nueva, cuando surge,

cual planta venenosa, extirpar suele

aquel amor que había en los corazones.

-

Rato hacía ya que todos en la casa,

menos la madre, diéranse al reposo.

Solícita recibe aquella al huesped

y lo lleva al salón más fastuoso.

Sin que él lo pida bríndale rumbosa

vino y manjares, exquisito todo,

y con un "buenas noches" se retira.

-

No obstante ser selecto el refrigerio,

apenas si lo prueba el invitado;

que el cansancio nos quita toda gana,

y vestido en el lecho se ha tumbado.

Ya se durmió... Pero un extraño huésped,

por la entornada puerta deslizándose,

a despertarlo de improviso viene.

-

Abre los ojos, y al fulgor escaso

de la lámpara mira una doncella

que cauta avanza, envuelta en blancos velos;

ciñen su frente cintas aurinegras.

Al ver que la han visto

levanta asustada

una blanca mano la sierva de Cristo.

-

--¿Cómo --exclama--, acaso una extraña soy

en mi hogar, que nada del huesped me dicen?

¡Y hacen que de pronto me acometa ahora

sonrojo terrible!

Sigue reposando

en ese mi lecho,

que yo a toda prisa el campo despejo.

-

--¡Oh, no te vayas, linda joven! --ruega

el joven, que de el lecho salta aprisa--.

Gusté de Baco y Ceres las ofrendas,

pero tú el amor traes, bella corintia.

¡Pálida estás del susto!

¡Ven junto a mí, y veremos

cuán benignos los dioses son y justos!

-

--¡No te acerques a mí, joven! ¡Detente!

¡Vedada tengo yo toda alegría!

Que estando enferma hizo mi madre un voto

que cumple con severa disciplina.

Naturaleza y juventud --tal dijo--,

al cielo en adelante

habrán de estarle siempre sometidas.

-

Y de los dioses el tropel confuso

de nuestro hogar al punto fue proscrito.

Sólo un Dios invisible hay en el cielo,

el que en la cruz nos redimiera, Cristo.

Sacrificios le hacemos,

mas no bueyes y toros son las víctimas,

sino lo más preciado y más querido.

-

Pregunta el joven, ella le contesta,

y él cada frase en su interior medita

--¿Pero es posible tenga aquí delante;

solos los dos, mi bella prometida?

¡Entrégate a mis brazos sin recelo!

¡Nuestra unión, que juraron nuestros padres,

juzgar puedes por Dios ya bendecida!

-

--¡No me toques, que a Cristo por esposa

destinada me tienen! Dos hermanas

me quedan..., tuyas sean...; yo soy del claustro;

sólo te pido de esta desdichada

alguna vez te acuerdes en sus brazos,

que yo en ti pensaré mientras la tierra

tarde --no será mucho-- en darme amparo!

-

--¡No! ¡A la luz de esta antorcha juraremos

cumplir de nuestros padres la promesa!

No dejaré te pierdas para el goce,

no dejaré que para mí te pierdas.

¡A la casa paterna he de llevarte!

¡Ahora mismo la fecha convengamos

en que ha nuestro himeneo de celebrarse!

-

Truecan muy luego prendas de amor fiel;

rica cadena de oro ella le entrega;

rica copa de plata de un trabajo

sin par él brinda a la sin par doncella

--Tu cadenilla no me vale;

dame mejor, amada,

un rizo de tu pelo incomparable.

-

De los fantasmas en aquel momento

suena la hora, en tanto que dichosos

ellos se sienten, y el oscuro vino

se brindan mutuamente, y con sus pálidos

labios sorbe la novia el vino rojo.

Pero del pan que con amor le ofrecen,

abstiénese --y es raro--

de probar tan siquiera un parvo trozo.

-

En cambio, al joven bríndale la copa,

que él ansioso y alegre luego apura.

¡Oh qué feliz se siente en aquel ágape!

¡Del amor hambriento estaba y de ternura!

Mas, sorda a sus ruegos,

ella se resiste

hasta que él, llorando, se echa sobre el lecho.

-

Acércase ella entonces; se arrodilla.

--¡Cuánto verte sufrir me da congoja!

Per toca mi cuerpo, y con espanto

advertirás lo que calló mi boca.

¡Cual la nieve blanca,

cual la nieve fría,

es la que elegiste por tu esposa amada!

-

Con juvenil, con amoroso fuego,

estréchala él entonces en sus brazos.

--Yo te daré calor --dice--, aunque vengas

del sepulcro que hiela con su abrazo.

¡Aliento y beso cambiemos

en amorosa expansión!

¡Un volcán es ya tu pecho!

-

Préndelos el amor en firme lazo.

Lágrimas mezclan a su goce ardiente.

De un amado en la boca fuego sorbe

ella, y los dos a nada más atienden.

Con su fuego el joven

la sangre le incendia;

¡mas ningún corazón palpita en ella!

-

Por el largo pasillo, a todo esto,

la dueña de la casa se desliza;

detiénese a escuchar junto a la puerta,

y aquel raro rumor la maravilla.

Quejas y suspiros

de placer percibe;

¡los locos extremos del amor compartido!

-

Inmóvil junto al quicio permanece

la sorprendida vieja, y a su oído

llega el eco de ardientes juramentos

que su senil pudor hieren de fijo.

--¡Quieto, que el gallo cantó!

--¡Pero mañana a la noche!...

--¡Vendré, no tengas temor!

-

No puede ya la vieja contenerse;

la harto sabida cerradura abre.

--¿Quién es la zorra --grita-- en esta casa

que al extranjero así se atreve a darse?

¡Fuera de aquí, en seguida!

Mas, ¡oh, cielos!, al punto reconoce

al fulgor de la lámpara a su hija.

-

De encubrir trata el frustrado joven

a su adorada con su propio velo,

o con aquel tapiz que a mano halla;

pero ella misma saca, altiva, el cuerpo.

Y con psíquica fuerza,

con un valor que asombra,

larga y lenta en el lecho se incorpora.

-

--¡Oh, madre! ¡Madre! --exclama--, ¿de este modo

esta noche tan bella me amargáis?

De este mi tibio nido, mi refugio

sin pizca de piedad ¿a echarme váis?

¿Os parece poco llevarme al sepulcro

al lograr apenas la flor de mis años?

-

Mas del sepulcro mal cerrado un íntimo

impulso liberóme; que los cantos

y preces de los curas, que acatáis,

para allí retenerme fueron vanos.

Contra la juventud, ¡agua bendita

de nada sirve, madre!

¡No enfría la tierra un cuerpo en que amor arde!

-

Mi prometido fuera ya este joven

cuando aún de Venus los alegres templos

erguíanse victoriosos. ¡La palabra

rompisteis por un voto absurdo, tétrico!

Mas los dioses no escuchan

cuando frustrar la vida de su hija

una madre cruel y loca jura.

-

Por vindicar la dicha arrebatada

la tumba abandoné, de hallar ansiosa

a ese novio perdido y la caliente

sangre del corazón sorberle toda.

Luego buscaré otro

corazón juvenil,

y así todos mi sed han de extinguir.

-

--¡No vivirás, hermoso adolescente!

¡Aquí consumirás tus energías!

¡Mi cadena te di; conmigo llevo

un rizo de tu pelo en garantía!

¡Míralo bien! ¡Mañana tu cabeza

blanca estará,

y tu cara, al contrario, estará negra!

-

Ahora, mi postrer ruego, ¡oh, madre! escucha:

¡Una hoguera prepara, en ella arroja

en sus llamas descanso al que ama, ofrece!

Cuando salte la chispa

y el escoldo caldee,

a los antiguos dioses tornaremos solícitas

sábado, 10 de julio de 2010

Ataraxia la paz del alma

Hay días espantosos en los que la felicidad parece imposible. Bueno.

Y luego hay días maravillosos en los que la felicidad es la evidencia. Bueno.

Pero, en definitiva: no todos los días vemos arder nuestra casa, ni descubrimos en nosotros una enfermedad incurable, ni perdemos a nuestro mejor amigo.

Tampoco todos los días vivimos el comienzo de un nuevo amor.

De cada diez días que vivimos, nueve son medianos. Pero resulta que estos días objetivamente medianos los vivimos como subjetivamente mediocres. Somos desdichados por no ser felices. Es el purgatorio, pero sin salida. Nos construimos así el infierno que nos merecemos.

¿El paraíso? Sería lo contrario: ser feliz por no ser desdichado. No se trata pues de un paraíso, sino de una felicidad relativa y real: la felicidad de cada día, la felicidad cotidiana.

Esta felicidad no sería negativa: le corresponde la positividad de ser y amar lo que es. Los griegos la llamaban ataraxia, ausencia de perturbación. La palabra es negativa, la realidad no. Lo que es negativo es la perturbación. Vencerla es afirmar una potencia positiva, con la que el sabio puede hacer frente a todo, incluso a lo peor… La tarea es difícil, y la felicidad, urgente.

La ataraxia es la paz del alma. Sirve también en la guerra. Pero imprudente será quien aguarde a las primeras bombas.

Fragmento de Sobre el cuerpo, André Comte-Sponville

domingo, 27 de junio de 2010

Marian me pincha y 2

Os pido perdón. A Marian en primer lugar; a los demás a continuación. Hablábamos de Karma, y karma yoga obliga, y ahora debo dar. Lo sé y lo olvidé. No comprendí lo que se esperaba de mí más allá de la aparente solicitud. “Habla del libro”, era solo el pretexto. Por eso os pido perdón. Del libro haré un resumen en breve. Cuando sea capaz de comprenderlo.
Es cierto que por imposiciones físicas, mis frases no pueden tener más de cuatro o cinco palabras, mi ritmo es lento, mi tono no contiene agudos y que me supone mucho esfuerzo hacerme oir, pero también es cierto que en ocasiones, me escudo tras estas limitaciones, y no lucho tanto como podría. Por otra parte, soy lento en mis razonamientos, poco dado a emitir juicios prematuros y suelo dejar acabar a quien expone un argumento. Esto produce que la conversación, en ocasiones, corra más que yo y digamos que “pierda la vez”.
Por tanto, ahora me explico.
1.- Decía Marian que hemos de llegar a un punto tal que el ego crezca hasta “estallar para desintegrarse”, y me sentí como si de golpe me hubiesen recolocado en un lugar mucho más retrasado de mi evolución.
Yo que pretendo tener menos ego, ¿estaré avanzando en sentido contrario?
¿O ya he llegado a este punto y he dejado atrás el ego? (¡Y yo sin enterarme!)
¿Todavía está por crecer mi ego? (¡Dios, no!)
Con frecuencia en momentos así, con ayuda de la meditación, me sumerjo en mi interior en busca de la respuesta. Como en un sueño, durante años era yo y no había nada más. Uno no puede menos que sorprenderse al verse en un pasado no tan lejano y con unas actitudes que ahora se me antojan absurdas. Las recuerdo y las comprendo, pero ahora no puedo identificarme con ellas. Han quedado atrás. Siempre tengo la sensación de que yo, en mi vida, he quemado etapas a una velocidad mayor de lo normal. Empecé a trabajar todavía niño, descubrí los entresijos del sexo casi impúber, coche, casado muy joven, tuve hijas muy pronto, empresario, vasectomía con 27 años, separado con 28. Cometí muchos excesos y ahora al verlo, encuentro mis actos sin conciencia, sin madurez. A los 42 tuve las enfermedades típicas a partir de los 50, y con 47 estaba jubilado. ¿Ya está, ya se ha acabado? No. Nada de eso. Te planteas las cosas más allá de ti mismo. Más allá del ego. Por eso, creo poder decir:
No se trata de ego (demasiado), Marian, ni que me crea inútil (poco), sino que soy exigente conmigo y consecuentemente, no me veo preparado o cualificado. Luego lo razono y comprendo, y así me lo explico; que puedo dar mucho aun sin estar preparado. Es llevar a cabo karma yoga, es acción desinteresada; no es querer para mí, ni no querer dar. Es hacer algo que me cuesta mucho, para bien de los demás. Yo me quedaría siempre escuchando, aprendiendo de los demás, y eso sería asteya. Solo tomar, sin dar. No hago un trabajo para ser el mejor, el más fuerte, el más sabio, ni tan solo para alcanzar la iluminación. Trabajo para ser mejor, sin poner plazo a este mejorar. Trabajar siempre porque nunca se llega a la meta. Creer que se ha llegado es equivocarse. Si todavía te preguntas si has llegado, es que no has abandonado todo; que no has llegado.
2.- Respecto a la necesaria relación entre práctica y teoría, es interesante saber lo que la filosofía dice relacionado con el proceso de la adquisición del conocimiento.
En "la crítica de la razón pura" (1781), Immanuel Kant expuso unas ideas, que daban un giro enorme a la epistemología del conocimiento al romper con el racionalismo y el empirismo, que centraban el conocimiento en la razón y en el objeto (el QUE), y se centró en como adquirimos ese conocimiento (el COMO). Suponía que la mente modifica la realidad conocida. Espacio y tiempo son reales solo en la mente como intuiciones con que medir y valorar las percepciones. Estas intuiciones permiten formular juicios a priori y obtener sensaciones. Hay además un número de conceptos que junto con las intuiciones se usan para elaborar juicios sobre percepciones que de otro modo quedarían vacías. Según Kant, el conocimiento requiere razón (forma a priori, independiente de la experiencia) e impresiones (materia, para no quedar vacía). Sin forma, las impresiones serían ciegas; sin impresiones, las formas serían vacías. Las ideas de razón pura (Dios, alma, universo) quedan vacías porque tenemos las formas pero no las impresiones. La mente forma su realidad tomando las percepciones de los sentidos y confrontándolas con un conocimiento innato que poseemos y con las impresiones que nuestra experiencia anterior ha ido formando. No hay una sola realidad universal, sino un conjunto de realidades subjetivas.
3.- El mundo que conocemos, todo lo que es materia, está en continuo movimiento. Todo está interrelacionado. Todo es consecuencia de algo y causa a su vez de algo. Yo creo que pensar que un suicidio es especialmente terrible, es darle mucha importancia a la vida, como si fuese el fin en si misma. Al mismo tiempo, es obviar que nadie se mata sin motivos. Hay unas causas, internas y externas, que producen unas consecuencias. La mente nos juega malas pasadas y creemos que lo que socialmente está admitido o denostado es lo único a tener en cuenta. La vida es un don, pero no debemos apegarnos a ella. Tiene una utilidad, pero no es el fin en si misma. No comparto la idea del suicidio, pero no por ello dejo de reconocer que la desesperación, el deseo de huida, la falta de ilusiones, el desequilibrio psíquico u otras causas pueden llevar a alguien hasta este extremo. Y en si mismo, no es algo diferente a otro tipo de muertes, en lo que se refiere al orden universal. Tenemos muchos ejemplos de sabios que no han dado la más mínima importancia a la vida (a su vida) o que han llegado, como el príncipe Satta, incluso a ofrecerse de alimento a una hembra de tigre demasiado hambrienta para alimentar a sus cachorros. Estamos en una época en que el individuo es lo más importante, pero no tenemos por qué estar de acuerdo con este individualismo. Si creemos en la reencarnación, no podemos pensar que una vida es tan importante, pues solo es una etapa más. Eso no quiere decir que podamos malgastarla, al igual que no debemos malgastar los recursos de la Tierra. Cada acto debe tener una finalidad.
4.- Respecto a los diferentes cuerpos y al karma, en breve el comentario del libro, que creo hablará más y mejor que yo.

domingo, 30 de mayo de 2010

Mi Padre del cielo y la madre Tierra

Hace años, para distinguir mentalmente a mi padre de la figura del padre celestial, tramé este juego de palabras: el padre del cielo y el padre de la tierra. El padre biológico de mi cuerpo físico, y mi padre del cielo, creador de todos los cuerpos. Los últimos días de la vida de mí padre, usé con mucha asiduidad y con un efecto sorprendente este salto conceptual. Ahora, muerto ya hace unos años mi padre biológico, no hay confusión posible, pero Él sigue siendo “el Pare del Cel”.

El padre del cielo, para mí, no es ese señor, anciano ya, de barba blanca y larga túnica; para más señas con una corona redonda detrás de la cabeza. Para tratar de describirlo, o mejor describírmelo, aproveché esta estructura mental que, desde pequeños, tenemos formada los cristianos, tomando prestado el concepto, que no la persona. Tiene suficientes puntos en común para que me sea muy útil a fin de vehicular mis necesidades. Por eso sigue siendo “del cielo”, porqué no es de este mundo, aunque este mundo es una parte de Él. Porque está más allá de lo puramente físico. Porque en la balanza entre materia y energía, Él es pura energía (si es que es algo que pueda describir) y nosotros pura materia.

Con el tiempo, en mis sadhanas, Él está presente. En mis sesiones de ásanas, cuando hago suryanamaskar (el saludo al sol), al levantar los brazos, pienso que me ofrezco a Él para ser su instrumento; cuando hago la pinza, transmito Su Gracia a la Tierra; cuando hago la plancha y me incorporo en cobra, me estoy inclinando ante Él y apelo a su Gracia. Las posturas invertidas, me producen una sensación de proximidad y conexión a ese cielo al que, cabeza abajo debería sentir todo lo contrario, y debería sentir más alejado.

Sin embargo, algo faltaba. Algo no encajaba. En ese puzle mental había un hueco, un espacio vacío. La meditación me llevó a la solución y un día comprendí. Somos materia atada a un samsara material. Aunque sea una creación de maya, nuestro convencimiento de su existencia le da ese status de realidad, y hemos de amar y respetar nuestro cuerpo, ya que es nuestro templo. Y sobre todo, hemos de amar y respetar la Tierra con todo lo que en ella habita. La Madre Tierra. Tengo a mi madre en la Tierra, y además a la Madre Tierra, que es la madre de todos.

Dios, ¿Qué está pasando? ¿De quién soy hijo, del Padre o de la Madre? Yo solo me he liado con la “Santísima Binidad”. No es cuestión de discriminación sexual. Dios no tiene sexo. No es una persona; es una idea, un concepto. Como ser humano más bien limitadito, necesito estos ideogramas para entenderme yo mismo. La Madre Tierra es la materia primigenia de la que sale toda la vida que conocemos. La fuerza que insufla la vida, que hace brotar la Tierra es a lo que llamo Dios.

¿Tengo razón? No lo sé, pero la Madre Tierra encaja a la perfección en ese hueco del puzle y la figura está acabada y luce como nunca. Ese es mi equilibrio, como es arriba es abajo.

En ocasiones, durante una sesión de ásanas, cuando estoy en shavasana, es la Madre Tierra que me abraza como si estuviera en su regazo. Algunas veces incluso, en la postura de sarvangasana, la Madre Tierra me sujeta por los hombros mientras mi Padre del Cielo estira de mis pies hacia arriba. Puedo sentir la energía que circula entre ambos polos a través de mí. Cada vez más, las experiencias son íntimas y interiores, menos dependientes del físico, que acusa los achaques.

Es tan simple y tan difícil el camino, y al mismo tiempo es tan gratificante.

martes, 23 de febrero de 2010

La lección del "salvaje" Sealth



El gran caudillo indio Noah Sealth, en 1854 respondió así a la propuesta de compra de sus territorios por parte del presidente Franklin Pierce. El expolio se consumó con el tratado de Point Elliot en 1855.


Esta carta con más de 150 años de antiguedad es quizá el primer manifiesto ecologísta y sorprende por la sabiduría y la profundidad de pensamiento que desprende. Es notable la premonición de futuro, el conocimiento del ser humano y la comprensión de la naturaleza que encierra. Y todo dicho por un "salvaje".


Carta del caudillo Noah Sealth a Franklin Pierce:


"¿Como se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.


Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Como podrán ustedes comprarlos?


Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los arboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.


Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.



Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservara un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre, y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.


El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.



Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos, y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.



Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra de sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorara la tierra dejando atrás solo un desierto. No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena la vista del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.



No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los arboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo, ¿Para qué sirve la vida, si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento - la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.



Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una maquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir.



¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; Porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.



Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurriría a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.


Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.


Todo lo que le ocurra a la tierra, les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común.


Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminaran hacia su destrucción, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes.. ¿Donde está el matorral? Destruido. ¿Donde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia."