lunes, 3 de junio de 2013
Las sesiones
martes, 11 de septiembre de 2012
El alma de las cosas
Me pregunto: ¿Solo existe el
libro y la escritura? y hago el viaje inverso hacia atrás. ¿Qué debieron pensar
aquellos monjes en los escritorios de los monasterios del siglo XV al ver
aparecer la imprenta? De golpe, un escrito podía ser reproducido miles de veces
y llegar a un amplio público de forma económica. ¡Bien! Pero, ¿Dónde queda la
obra manuscrita, el trabajo minucioso de la copia, el arte de la miniatura,
precursora de la ilustración, o la impresionante letra capital? El libro perdía
su alma para pasar a ser una simple reproducción.lunes, 3 de septiembre de 2012
Momentos mágicos II


viernes, 20 de julio de 2012
Tener y Ser; dos formas diferentes de vivir
viernes, 30 de marzo de 2012
Momentos mágicos
En ocasiones, ocurren cosas que sobrecogen, que maravillan, que obnubilan o nos producen pasmo, o que sin nada de esto perduran en el tiempo y asoman a nuestros recuerdos una y otra vez.
Con el tiempo, y solo con el tiempo, me doy cuenta de que esos momentos fueron irrepetibles. Me reprendo entonces y me siento tonto al comprobar mi incapacidad para poner en valor esos momentos cuando suceden. En esas ocasiones me siento como un autista emocional, incapaz de profundizar en el momento, como quien pretende coger agua o arena con la mano abierta y la ve escaparse entre sus dedos.
No tengo recuerdos de infancia de este tipo y el primero que me aparece es contemplando los ojos de mi primera esposa al contarme que estaba embarazada de nuestra primera hija. Su luz y la ilusión que irradiaba su cara quedó grabada para siempre en mí. Nuestra separación fue tormentosa, dolorosa, difícil y litigada hasta el punto del odio, pero hoy superado ya ese odio, sigue apareciendo ese momento mágico.
Una de las últimas ocasiones fue con la muerte de mi padre. Cada vez que la recuerdo, algún nuevo matiz aparece para enriquecer el conjunto de la experiencia. Seguramente como consecuencia de mi camino, viví el momento con mucha plenitud. Comprendí que era el momento de poner fin a sus 94 años y que había acabado una etapa y, con su mano entre las mías, le deseé un feliz viaje. En el momento de la muerte, en el momento siguiente, se paró el mundo por unos instantes como si un alma se apeara en esa estación. Momentos mágicos.
En alguna contada ocasión, cuando te abrazas a tu amor, te fundes con él. En un feetback impensable sientes la caricia en las yemas de tus dedos y en su cuerpo al mismo tiempo. Como si fueras causa y efecto a la vez. Eres tú y eres el otro y al mismo tiempo dejas de ser tú. En esos espacios de tiempo, la mente racional se desconecta y pasas a otro estado en el que el corazón impone su ley y dirige las acciones. En esa contada ocasión en que a los dos les sucede, ambos se funden en un solo ser de amor infinito que lo llena todo. Momento mágico. No acabas de aprehenderlo en su totalidad cuando sucede ya que la mente no actúa, pero el corazón si atesora sentimientos que luego irán apareciendo una y otra vez.
Repasando hechos, compruebo que siguen una curva ascendente; conforme me acerco en el tiempo, mayor es su cantidad. ¿Es señal de atención en el momento? Todos tienen relación con seres: ¿Solo la conexión entre almas produce impresiones indelebles? Las emociones, los sentimientos no se pueden explicar de forma precisa; hay que experimentarlos. Hecho esto, sobran las palabras. Las más profundas emociones tienen que ver con la vida y con la muerte. Principio y final. Por en medio muchos recuerdos de vivencias se acumulan cuan panteón de dioses menores reclamando también su culto.
El yoga también me ha proporcionado experiencias de esta categoría. Momentos de unión extrema, de interiorización tal que sientes fundirte y derramarte dentro de ti. Experiencias que el corazón dirige y no la mente; uno solo las pone en marcha. Compañeros de viaje en la fe con los que en unos momentos de grupo sientes estas conexiones. Reuniones y meditaciones.
Una lección aprendo: Nada es eterno, todo pasa y se desvanece. Solo tiene valor el presente. El pasado ya pasó y el futuro no es más que una posibilidad. El pasado me permite aprender y estar más despierto para el presente; lo único importante. Los momentos mágicos sirven para saber que todo es posible.
lunes, 12 de septiembre de 2011
El engaño del crecimiento sostenible
El principio 3º de la Declaración de Rio (1992) dice: Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades.
Hoy en día hemos llegado a un nivel de crecimiento que resulta tóxico. Se objeta este crecimiento porque está cambiando la relación entre el hombre y la Tierra. Hay una contradicción entre la estructura profunda humana y las nuevas necesidades culturales y sociales. Es una lucha entre el instinto biológico y las necesidades culturales. Ningún economista estará de acuerdo con el decrecimiento, pues el núcleo de la economía es crecer. Decrecer es una opción profundamente cultural.
Rousseau decía: “El nacimiento de la miseria moral viene de la mano de la aparición de la propiedad privada”. Adam Smith (profesor de filosofía moral) decía: “El crecimiento de la economía sirve para aumentar la felicidad, y no para engordar el ego y la vanidad de la clase poseedora”. Sabía que las “condiciones ideales” no suelen darse en la realidad y por eso reclamaba que economía y ética deben estar muy vinculadas. Si no hay buena economía, la conducta humana falla. Aristóteles decía: “La felicidad es consecuencia de un acto”. Somos felices haciendo una cosa. Por tanto, la economía debe ser ética. Su única razón no puede ser “más beneficio”.
Desde el siglo XVIII con Voltaire, la situación del mundo ha cambiado notablemente. De 1500 millones de habitantes a los 6500 actuales, que además consumen enormes cantidades de materias primas. Existe una conciencia mágica de la técnica. Creemos que podemos manejarla, pero somos, como decía Jacques Ellul, un sistema técnico, y la única ley interna de la técnica es la eficacia. Nosotros no gobernamos la técnica. Se gobierna por su propio sistema. Tanto la tenemos como ideal que incluso medimos nuestro ser con expresiones como: ser eficaz; cambiar el chip.
Desde Descartes, el cuerpo humano es una máquina y ya pensamos de forma técnica. Hay diferentes tecnologías entre los humanos, pero no hay humanos sin técnica. Esto ha permitido el éxito del ser humano. Nuestra adaptabilidad. Hemos humanizado la Natura destruyendo la naturaleza. El problema actual es que de todas las dimensiones del ser humano: poética, erótica, sensual, afectiva, etc. hemos pasado al predominio de una sola. Todos los críticos a la tecnología son profundamente religiosos. ¿Por qué? Porque se dan cuenta que lo sagrado está siendo ocupado por la técnica.
Malthaus decía que la guerra y el hambre eran las únicas soluciones para solucionar esta superpoblación. Los activistas, que son pocos, viven de los tópicos del 1968, y la academia lleva un retraso de siglos. Es preciso adoptar medidas de cálculo racional.
En términos de responsabilidad moral, lo importante no es hacer el bien e incluso ir de bueno resulta una ingenuidad insoportable. Ante todo no dañar.
Hoy por hoy, fuera del estado, poco puede hacerse por el cambio social.
Las políticas encaminadas al decrecimiento deberían contener:
- Una apuesta decidida por transportes públicos con fuertes impuestos a los carburantes.
- Favorecer la producción y el consumo local de bienes y productos. Alimentos de temporada y dietas vegetarianas.
- Garantizar un salario social (vivienda, tierra, etc.) para conseguir la autonomía personal.
- Higiene natural y preventiva sin productos tóxicos.
- Tribunales para productores de armas e instigadores de guerras.
- Eliminación de la contaminación cerrando fábricas y reduciendo la población.
También podría existir un decrecimiento reformista: una opción personal por la simplicidad, vinculada a la cultura, y un estilo de vida, hoy por hoy minoritario. La pregunta es: ¿el cerebro racional (la ética) podrá imponerse al cerebro reptiliano y acumulativo?
viernes, 4 de febrero de 2011
Dieta vegetariana en términos utilitaristas

La primera prioridad es la necesidad objetiva. Si los animales sufren más que los humanos, imparcialmente, a aquellos corresponderá la prioridad a la respuesta a sus problemas. Eliminando el sufrimiento animal, el bienestar sobre la Tierra aumentará significativamente en cantidad de seres.
Hay tres razones básicas por las que un utilitarista consecuente debiera hacerse vegetariano:
2.- Disminuye la contaminación ambiental.
3.- Como hemos indicado ya, disminuye la cantidad de dolor realmente existente.
Considerando la gran cantidad de pienso, suelo, y energía que se necesita para producir carne, recibimos mucho menos de lo que invertimos en ella.
La energía que una vaca recibe de su comida diaria la invierte básicamente en poder moverse, en mantener su temperatura corporal y en su funcionamiento fisiológico en general. Para producir doscientos gramos de bistec se necesitan dos quilos de cereales o más, es decir la alimentación suficiente para cinco niños. De la misma manera, una típica dieta europea omnívora requiere cinco veces más de suelo que una dieta basada en proteína vegetal.
Sucede además que el ganado para alimentación de humanos representa según la FAO un 18% de las emisiones globales de efecto invernadero. El óxido nitroso que proviene del ganado supone el 65% de las emisiones producidas por el hombre. La crianza y el procesado del ganado emite también el 37 % del metano inducido por los humanos (el metano tiene 23 veces más impacto que el dióxido de carbono en el calentamiento terrestre). Además los excrementos de los animales contaminan el suelo y las aguas residuales. Si nos ‘convirtiésemos’ al vegetarianismo, la contaminación disminuiría, pues, de una manera significativa.
En tercer lugar, una alimentación vegetariana conllevaría una gran disminución de dolor para millones de animales no-humanos. 574 millones de pollos se sacrificaron sólo en el año 2006 en España. Piénsese, pues, en la cantidad de dolor evitable con una simple cambio de dieta. Y eso sin tener en cuenta el dolor humano también evitable mediante la dieta vegetariana, en la medida que el consumo de carnes y embutidos fomenta la obesidad, las infecciones y las depresiones, además de ser un factor de riesgo en la diabetes, la arteriosclerosis y el infarto.
Con una alimentación vegetariana se reduce, pues, el malgasto de recursos, disminuye la contaminación y se limia la cantidad de dolor. Es decir, aumenta de una manera muy considerable el bienestar de todos, sin disminuir el bienestar de nadie (excepto si usted es comerciante de jamones al por mayor).
En todo caso, un utilitarista es ‘bienestarista’, es decir, el trato ético a los animales no es para él una finalidad en sí misma, sino un instrumento (para mejorar la salud humana, para vivir más feliz absteniéndose de ingerir carne cadavérica). El utilitarista es, un hedonista y el vegetarianismo, ya sea puro, (o ‘vegano’, es decir que tampoco consume lácteos, huevos, pescado ni miel), o mixto (es decir, que consume algunos de estos productos) le ofrece un instrumento que aumenta la felicidad personal y colectiva.
Fuente: Ramón Alcoberro
