viernes, 15 de noviembre de 2013

Miquel Martí i Pol i jo.

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El més difícil, doncs, és sobreviure
amb escates de vidre a les entranyes,
amb plom, en lloc de sang, a dins les venes.
Sobreviure: cordar-se les sabates,
treballar, fer l'amor, llegir poemes,
veure envellir la gent, cantar en veu alta,
amb escates de vidre a les entranyes
i plom, en lloc de sang, a dins les venes,
sense treure's els ulls, sense fer a miques
els subtilíssims mirallets del somni,
i esgüellar com un porc, de por o d'enveja.

Ara que és un personatge molt conegut i se li estan fent homenatges, recordo la petjada que va deixar en mi. Vaig tenir el primer contacte amb la seva obra ja fa molts anys. Era l’any 1996 i jo havia de viatjar per feina a Milà i ho feia en ferrocarril. Era a última hora de la tarda que el tren sortia des de l’Estació de França. Com que el viatge duraria fins a bon matí, vaig anar al quiosc a buscar quelcom per llegir que fos de butxaca. L’escollit va ser: La fàbrica d’Edicions 62.
Durant una bona estona del viatge vaig alternar la vista del paisatge, la música i la lectura d’aquells poemes que parlaven de treball amb un idioma planer. Vaig reconèixer la qualitat, la bellesa, l’ús de l’idioma, però no hi vaig connectar. En tornar a casa, el llibret restà durant anys en un prestatge arrenglerat entre molts d’altres companys literaris.
Uns anys després, havent patit una forta sotragada en la meva salut, vaig retrobar aquell autor en comprar el llibre Vint-i-set poemes en tres temps. Llegir-lo fou una forta impressió. Les frases adquirien nous significats; tot un entrellat de paral·lelismes es teixia al meu davant. L’immens dolor que es desprenia a cada estrofa em resultava profundament colpidor. Durant mesos em sentia corprès quan llegia “...mireu-me bé: sóc l’altre, coix de dos peus...” i el seu dolor era el meu quan llegia “...amb escates de vidre a les entranyes...” i què bé defineix les sensacions amb “...esgüellant com un porc, de por o d’enveja...”, com dissecciona l’home a “A voltes”. No havia pas canviat l’autor, havia canviat jo. No es pot abastar el que vol dir el poeta si no s’ha estat una mica prop de la seva situació. Ara quan trobava mirallets entre les seves línies comprenia com es veia; quan demanava permís per estimar, o crosses per caminar, la seva pena era la meva.
Vaig gaudir enormement de la societat entre ell i en Lluís Llach i la meva admiració va créixer vers tots dos. Són un exemple d’entrega i dedicació, de sensibilitat i art, de compromís i honestedat. La vida d’en Miquel Martí i Pol amb aquella malaltia que de forma inexorable l’anava reduint és un exemple per mi. La connexió emocional es manté encara però més racionalitzada i quan em sento molt ensorrat o adolorit, tornar a llegir algun d’aquests poemes em fa reeixir. A més, el seu patriotisme és alliçonador. (Escolteu “Ara mateix”) https://www.youtube.com/watch?v=mHhTeDNQRwg

domingo, 7 de julio de 2013

¿Por quien doblan las campanas?

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Estaba trabajando en casa cuando algo en la tele me ha hecho alzar la mirada. Justo en el momento del canto a san Fermín. Sí, es domingo siete de julio y hoy se realiza el primer encierro en Pamplona. Costumbre tradicional, rito atávico, fiesta grande que despierta emociones intensísimas tanto a favor como en contra. Publicitada mundialmente por Ernest Hemingway, miles de turistas acuden cada año a vivirla. Algo dentro de mí se siente atraído por el espectáculo que se me ofrece y pienso en describir lo que veo, que no lo que es, consciente de que esto no gustará a todo el mundo.
Miles de personas apretujadas en estrechas calles con la intención de correr el encierro. Nervios, caras contraídas por la tensión, pocas risas, la policía conteniendo a los más impacientes. De pronto suena el chupinazo y se abre la puerta de los corrales. La manada de toros y cabestros entra a la calle corriendo alterados y desorientados por el estallido y los gritos de los pastores que les empujan.  No lo saben, pero acaba de empezar el último día de sus vidas. Un toro negro mira a izquierda y derecha mientras corre. Sus sentidos reciben continuos estímulos por el movimiento de los mozos. “Lanza derrotes” explica el comentarista. ¿Es por activa o por pasiva la actitud del toro? ¿Es por instinto agresivo o por estrés? La policía tiene que desalojar a la multitud de gente que se sitúa en la curva de la calle Estafeta. Es el ángulo seguro, pero para uno o dos no para cincuenta, ya que ni queda espacio para que pasen los toros y el que se sitúa en quinta fila no tiene posibilidad de escape y más que embestido será arrollado por la manada.
Sin embargo, no es en estas cosas en las que quedo más desconcertado. La manada se va partiendo y queda un último toro de un bonito color tabaco que a pesar del ambiente frenético, pasa de la carrera al trote y tranquilamente va acercándose a la plaza en el más puro estilo san Fermín, con los mozos citándole para guiarle. De pronto, el toro aminora aún más su trote y se detiene completamente. Envuelto por la gente mira a quienes le rodean, calmadamente gira y observa los desesperados esfuerzos por salir de su alcance de algunos que hasta hace unos segundos le retaban, gira más y contempla a los pastores y el tropel de gente que venía detrás. La gente se empuja para colgarse de las vallas, otros se quedan inmóviles ante él, los más se atropellan mutuamente. La causa del paro es el tapón que han causado las caídas de algunos mozos y que impiden el paso. Cuando por fin se levantan, el paso queda libre y el toro, sin embestir a nadie, continúa su camino hacia la plaza donde se gestará su muerte. No necesitaba ni apuntar, solo con embestir seguro que sus astas encontraban carne, ya que era una pared humana la que le rodeaba. Decía el locutor que era san Fermín con su manto que protege a los mozos.

No puedo dejar de ver la ironía de la situación: ¿Quién se comporta como animal racional y quien como animal irracional? ¿Quién hace del sufrimiento entretenimiento? Sí, ya se; las tradiciones, la costumbre. No se trata de anular la identidad de un pueblo o nación, se trata de conseguir que perduren las tradiciones buenas, no las malas. Para mí y siempre es una opinión subjetiva, son buenas las que hacen sentirse bien y no causan mal. Son malas las que para hacerme sentir bien precisan del mal de otros.
Si no pensara así, seguiría alentando otras tradiciones como ponerle bolas de fuego a un toro, lanzar un carnero desde un campanario, la ablación, los esclavos negros y porque no, los sacrificios humanos. El día que consigamos asimilar que solo somos una parte de la Tierra y no sus dueños, tal vez y solo tal vez, podamos ver todo lo que nos envuelve como parte de nosotros, y solo entonces pensaremos que dañar o matar cualquier cosa viviente es una amputación o un suicido parcial que cometemos sobre nosotros mismos.


Cada vez con mayor intensidad siento una enorme tristeza por constatar que como comunidad, la raza humana, seguimos usando, abusando, arrasando y fagocitando el resto del planeta sin más escrúpulo que nuestra consideración social: el qué dirán. No soy perfecto e intento no ser hipócrita. Cometo muchos errores y yo también abuso del planeta, pero tengo el propósito de intentar mejorar y que mi pisada ecológica disminuya. ¿Cómo no mimar a la madre que me dio la vida? Sé que los encierros continuarán y que habrá quien crea que soy un ignorante o un descastado, pero no por eso dejaré de hacer pública mi opinión. Reclamo amor y respeto.

P.E. Se puede ver todo este encierro en este enlace de

lunes, 3 de junio de 2013

Las sesiones

Poema para nadie en particular

Déjame tocarte con mis palabras,
porque mis manos yacen inútiles como guantes vacíos.

Deja que mis palabrass te acaricien el pelo,
se deslicen por tu espalda
y te hagan cosquillas en el vientre,
porque mis manos, ligeras y volátiles como ladrillos,
hacen caso omiso a mis anhelos, y se niegan tercamente
a hacer realidad mis deseos más íntimos.

Deja que mis palabras entren en tu cabeza
empuñando antorchas,
acéptalas de buen grado en tu ser
para que puedan acariciar suavemente tu interior.




Este es el poema que escribe Mark O’Brien, el personaje en que se basa la película Las sesiones con William H. Macy y una valiente Helen Hunt. Dirigida por Ben Lewin en 2012 narra a través de sus escritos autobiográficos, la vida de un invalido total a causa de la polio. Un hombre que ha vivido la mayor parte de su vida dentro de un pulmón de acero y que está decidido a sus 38 años a perder su virginidad. Con la ayuda de su terapeuta y la orientación de su sacerdote, acomete la empresa de convertir su sueño en realidad

Una lección de alegría y coraje, de superación y determinación, de ternura y respeto. Una aproximación a un mundo que con frecuencia nos parece sórdido o inexistente. Cuando acaba la película sientes emociones varias pero sobretodo valoras mucho más lo que la vida te ha dado.

martes, 11 de septiembre de 2012

El alma de las cosas


Hablábamos sobre las ventajas de los e-book (libro electrónico) que permiten reunir en muy poco peso varias obras, mantener el punto de lectura, escoger el tamaño de letra y guardarlo en un bolsillo.
Argumentaba mi interlocutor que nada podía sustituir al libro de papel. Hay un encanto especial en tocar su papel sedoso, en hojearlo, en sentirlo entre las manos; en poseerlo. Además, estos nuevos formatos son como las setas, aparecen en un determinado momento y antes que te des cuenta, ya han desaparecido. Son de rápida caducidad. Fíjate en los discos de vinilo, las casettes, los CD, los DVD…Aún no has aprendido un sistema, que ya está cayendo en desuso. Cuando quieres usar algo que hace algunos años que has guardado, el formato ya no es compatible. El papel es lo único que perdura siglos.
A finales del siglo XIX, nuestro fanatismo eurocentrista nos impedía ver más allá de nuestros parámetros de medida hasta el punto de llegar a decir que sin escritura no podía existir cultura. De un plumazo, sesudos antropólogos geógrafos e historiadores determinaron que esas gentes que poblaban amplias zonas de África, Asia, América, etc. y que desconocían la escritura, no poseían cultura; vivían en la prehistoria. Desdichada estrechez de miras que dio al traste con la oportunidad de recoger un patrimonio valiosísimo.
Decía mi interlocutor que con el libro electrónico se pierde una conexión con la obra de arte. Que el tacto, la forma, la portada. Que parece que no quede nada cuando acabas de leer. El archivo informático no pasa a formar parte de un estante de brillantes lomos ordenados. Y sí, es cierto; algo se pierde. Yo argumentaba que hay ventajas que compensan esto y que son cambios fruto de la ciencia. Tantos árboles que no serán precisos, tanto espacio, tanta facilidad de transporte y almacenaje. Tantos avances técnicos.
Me pregunto: ¿Solo existe el libro y la escritura? y hago el viaje inverso hacia atrás. ¿Qué debieron pensar aquellos monjes en los escritorios de los monasterios del siglo XV al ver aparecer la imprenta? De golpe, un escrito podía ser reproducido miles de veces y llegar a un amplio público de forma económica. ¡Bien! Pero, ¿Dónde queda la obra manuscrita, el trabajo minucioso de la copia, el arte de la miniatura, precursora de la ilustración, o la impresionante letra capital? El libro perdía su alma para pasar a ser una simple reproducción.
¿Y antes del papel? Ya existía la escritura. Alfabetos cuneiformes o jeroglíficos eran trazados sobre tablillas de arcilla y sobre la roca o pintados en lugares ceremoniales. La comprensión de estos diferentes sistemas era minoritaria ya que prácticamente solo los escribas tenían ese conocimiento. ¿Qué ocurría pues con “el pueblo”? Hasta la Edad Media, gran parte de la sociedad era analfabeta y su aculturización se daba a través de las imágenes: escultura, pintura, arquitectura, colores, etc.; las manifestaciones sociales: danzas, liturgias, ceremoniales; y la transmisión oral. Esta última ha sido el principal vehículo de comunicación para toda la humanidad. Cuantas cosas hemos oído de nuestros padres; cuanto hemos aprendido de tantos profesores que nos explican cosas. Todo. Ha sido y aun es el mayor vehículo de transmisión de la cultura.
¿Si no hay escritura no existe la cultura? Quiero quedarme en una estampa propia de la sabana africana o de las junglas amazónicas pero que entreveo en los recuerdos de mi abuelo materno. El anciano que sienta a su alrededor a niños, jóvenes y seguramente algún adulto y empieza: “Había una vez” y explica la historia de la tribu, de los ancestros, de los espíritus de los que nos han precedido, de la guerra que se hizo contra tal tribu vecina, de como tal bravo guerrero venció a la fiera y se hizo hombre, etc. Es cultura que se transmite de una forma tan válida como la escrita. Y aquí le preguntaba a mi interlocutor donde quedaba la voz modulada, el ritmo escogido o la variación querida para adaptar la historia a los oyentes. ¿Qué debía pensar el contador de cuentos, el trovador y el juglar al ver su arte interpretativo reducido a unas frías letras trazadas sobre un papel?
A cada etapa que avanzamos algo se pierde: el arte de quien cuenta la historia, el arte de quien la escribe e ilustra, el buen hacer del editor. ¿Si tanto se pierde, no quedará nada? Sigue quedando. Seguimos hechizándonos ante un buen relato porque lo importante es el contenido, no el continente. Todo cuanto queda es el alma de la historia o el conocimiento en sí, y lo que se pierde son las diferentes almas añadidas. Así un manuscrito, no es lo mismo que un relato. Uno incorpora el alma de la historia más el alma del contador, el otro el alma de la historia más la del ilustrador. Compararlos es comparar peras con plátanos. Debemos asumirlo para no compararlo y si acaso, disfrutar de las ventajas que cada uno puede ofrecernos.
Esta era la antigua labor del alquimista. El químico mezcla productos de la naturaleza y obtiene otro diferente y que es tan solo materia inerte. El alquimista hacía lo mismo pero además le transmitía alma. Esa era su magia. Por eso, yo me quedo con el relato del anciano; porque su alma se añade al alma de la historia que cuenta, y en esa unión puedo sentir vivo el calor humano.
A fin de cuentas, la ciencia nos da un conocimiento puramente material como el producto del químico y el ser humano lo que busca es el alma de las cosas.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Momentos mágicos II


Cuando te mencionan monasterio, piensas en lugares cerrados con cantos gregorianos y procesiones de monjes recitando letanías y oraciones. Cuando te dicen monasterio, con frecuencia, olvidas todo lo que lo acompaña. En España hubo un tiempo en que se instalaron  muchas de estas  instituciones pertenecientes a la orden del cister. Unas características definían estos complejos: lugares apartados, agua abundante, posibilidad de autosuficiencia (autarquia),  claustro y por supuesto iglesia. El monasterio de Piedra se halla cerca de Calatayud, provincia de Zaragoza, en un hermoso valle por donde discurre el rio  Piedra del que toma el nombre.
 Cuando llegamos pudimos comprobar que lo importante es el lugar, ya que el complejo está en ruinas y solo restaurado en parte para alojar un hotel y un pequeño museo. La zona es parque natural y está surcada por los brazos de agua del rio Piedra que forman diversas cascadas, saltos de agua y lagos. La vegetación recibe como una bendición esta humedad como maná que se posa en sus hojas. La piedra calcárea toma mil formas bajo la acción del agua. En el lecho de los riachuelos, la perfección de la esfera se logra por la simple y continuada caricia del agua sobre las piedras. Un pequeño valle recibe en sus prados de césped los saltos de agua y forma cursos de agua entre chopos, plátanos inmensos y castaños centenarios. Un camino traza el itinerario del parque. Si lo sigues, te llevará a descender por un empinado túnel de escalones pétreos que penetrando en el interior de la montaña te conduce justo tras el mayor de los saltos de agua. Desembocas en una gran bóveda con el ensordecedor ruido del agua cayendo desde 40 metros y la humedad goteando del techo rocoso como si lloviera. En la penumbra, el frio te sorprende mientras fuera la temperatura no baja de 40. Las rocas del interior tienen el verde  del musgo que las cubre y el suelo resbaladizo dificulta adentrase en sus profundidades.
¡Que explosión de energía produce el agua al chocar contra el suelo! Como la puedes sentir  flotando en el aire, llenando la cueva. Mojado y frio, no puedes evitar cerrar los ojos, entregarte y dejar que los demás sentidos participen de la fiesta y llenarte de ese aire que es vida en estado puro. En los lagos hay piscifactoría de truchas. Innumerables aves y pequeños mamíferos tienen también ellos aquí su santuario. Este parque rebosa vida.


Apenas a cinco kilómetros de aquí se encuentran las hoces del rio Mesa. La gente acude al rio a bañarse en los pequeños recodos que se forman protegidos por la vegetación. También está la ermita de la Virgen de Jaraba encaramada a lomos de los riscos de una garganta entre montañas. El  ambiente tiene algo que muy pocas veces he experimentado. Hay que pararse a escuchar el silencio. El silencio es una realidad tangible, no un lugar donde no hay sonido, sino que el sonido que hay es el del silencio. Posee una grandiosidad inimaginable y es un espectáculo para el oído. El silencio tiene dimensión y llena todo el espacio hasta los escarpados de la pared que cierra la garganta donde está el santuario. En el cielo solo se alcanza a ver alguna rapaz planeando majestuosa a la espera de presas. En esas escarpadas paredes anida algún buitre y alimoche. Nada más interrumpe una quietud total que un sol de justicia, que la hace más dramática si cabe. También aquí cierras los ojos y les das una oportunidad a los demás sentidos. Estamos tan sumergidos en una sociedad de imágenes, que cerrar los ojos es entrar en otro mundo y experimentar otras cosas. Cerrando las puertas a las imágenes, toda la atención y  la actividad cerebral se desplazan y puedes conocer desde otro ángulo lo que nos rodea. Cerrando los ojos, percibes un mundo que te es extraño o ajeno y al mismo tiempo, el acto de cerrar los ojos te reconecta a este mundo. Vuelves a sentirte parte de él. Son momentos irrepetibles; momentos mágicos. 

viernes, 20 de julio de 2012

Tener y Ser; dos formas diferentes de vivir


EL AMOR

Amar también tiene dos significados, según se hable en el modo de tener o en el modo de ser.

¿Es posible tener amor? Si se pudiera, el amor necesitaría ser una cosa, una sustancia susceptible de tenerla y poseerla. La verdad es que no existe una cosa concreta llamada "amor". "El amor" es una abstracción, quizá una diosa o un ser extraño aunque nadie ha visto a esa diosa. En realidad, sólo existe el acto de amar, que es una actividad productiva. Implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura, de una idea. Significa dar vida, aumentar su vitalidad. Es un proceso que se desarrolla y se intensifica a sí mismo.

Experimentar amor en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar al objeto "amado". Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida. Lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra, para ocultar que en realidad no ama. Puede dudarse de que muchos padres amen a sus hijos. Lloyd de Mause afirmó que durante los pasados dos milenios de historia occidental ha habido informes de crueldad para con los hijos, desde tortura física y psíquica, descuido, franca posesividad y sadismo tan terribles que puede creerse que los padres amantes son la excepción y no la regla.

Lo mismo puede afirmarse de los matrimonios. Ya sea que el matrimonio se base en el amor, como el matrimonio tradicional del pasado, o en la conveniencia social o en las costumbres, los esposos que verdaderamente se aman parecen ser la excepción. La conveniencia social, la costumbre, el interés económico mutuo, el interés compartido en los hijos, la dependencia mutua, o el odio o el temor mutuos se experimentan conscientemente como "amor", hasta el momento en que uno o ambos esposos reconocen que no se aman, y que nunca se han amado. Hoy día se pueden observar algunos progresos en este aspecto: las personas se han vuelto más realistas y sinceras, y muchas ya no creen que sentirse sexualmente atraído signifique amar, o que una relación amistosa, aunque distante, sea una manifestación del amor. Este nuevo punto de vista ha impuesto mayor sinceridad, y también más frecuentes cambios de pareja. Esto no necesariamente ha hecho que se ame con más frecuencia, y los esposos modernos pueden amarse tan poco como los antiguos.

El cambio de "rendirse al amor" a la ilusión de "tener" amor a menudo puede observarse en detalles concretos en la historia de las parejas que "se rinden al amor". (En El arte de amar he señalado que la palabra "rendirse" en la frase "rendirse al amor" es una contradicción. Como amar es una actividad productiva. Sólo se puede estar enamorado o enamorarse; no es posible "rendirse" al amor, porque esto denota pasividad.)

Durante el noviazgo nadie está seguro todavía de su pareja, pero cada uno trata de conquistar al otro. Ambos son vitales, atractivos, interesantes, y hasta bellos, ya que la vitalidad embellece el rostro. Ninguno tiene al otro; por consiguiente las energías de ambos están dirigidas a ser, es decir, a dar y a estimular al otro. En el matrimonio, la situación con frecuencia cambia fundamentalmente. El acta matrimonial le da a cada esposo la posesión exclusiva del cuerpo, de los sentimientos y de las atenciones del otro. Ninguno de los dos debe conquistar, porque el amor se ha convertido en algo que se tiene, en una propiedad. Los esposos dejan de esforzarse por ser amables y dar amor, por ello se aburren, y su belleza desaparece. Se sienten desilusionados y confundidos. ¿Ya no son las mismas personas? ¿Cometieron un error al casarse? Cada cónyuge generalmente busca en el otro la causa del cambio, y ambos se sienten defraudados, pero no advierten que ya no son los mismos que cuando se amaban; que el error de creer que se puede tener amor, ha hecho que dejen de amarse. En vez de amarse, llegan a un acuerdo para compartir lo que tienen: el dinero, la posición social, la casa, los hijos. Por ello, en algunos casos el matrimonio que se inicia con amor, se transforma en una asociación amistosa, en una empresa en la que dos egotismos se reúnen en uno solo: el de "la familia".

Cuando una pareja no puede sobreponerse al anhelo de renovar el antiguo sentimiento de amor, uno o ambos esposos puede tener la ilusión de que un nuevo compañero (o compañeros) calmará su deseo vehemente. Creen que sólo desean tener amor; pero para ellos el amor no es una expresión de su ser; es una diosa a la que desean someterse. Necesariamente fracasan en el amor, porque "el amor es hijo de la libertad" (como dice una antigua canción francesa), y el culto a la diosa del amor llega a ser tan pasivo que causa aburrimiento, y él o ella pierden los restos de su antiguo atractivo.

En esta descripción no intentamos implicar que el matrimonio no puede ser la mejor solución para dos personas que se aman. La dificultad no reside en el matrimonio, sino en la posesiva estructura existencias de los esposos y, en último análisis, de su sociedad. Los partidarios de tan modernas formas de unión como el matrimonio en grupo, el cambio de pareja, el sexo en grupos, etc., hasta donde puedo advertir sólo tratan de evitar su dificultad de amar y aliviar el aburrimiento con estímulos siempre nuevos y tratan de tener "amantes", aunque no sean capaces de amar a nadie. (Véase el análisis de la distinción entre estímulos "activos" y "pasivos" en el Capítulo 10 de la Anatomía de la destructividad humana.)

Fromm, Erich; "Del Tener al Ser" Editorial Pairós BCN, 2007 (Fragmento del capitulo sobre el amor)



viernes, 30 de marzo de 2012

Momentos mágicos

En ocasiones, ocurren cosas que sobrecogen, que maravillan, que obnubilan o nos producen pasmo, o que sin nada de esto perduran en el tiempo y asoman a nuestros recuerdos una y otra vez.

Con el tiempo, y solo con el tiempo, me doy cuenta de que esos momentos fueron irrepetibles. Me reprendo entonces y me siento tonto al comprobar mi incapacidad para poner en valor esos momentos cuando suceden. En esas ocasiones me siento como un autista emocional, incapaz de profundizar en el momento, como quien pretende coger agua o arena con la mano abierta y la ve escaparse entre sus dedos.

No tengo recuerdos de infancia de este tipo y el primero que me aparece es contemplando los ojos de mi primera esposa al contarme que estaba embarazada de nuestra primera hija. Su luz y la ilusión que irradiaba su cara quedó grabada para siempre en mí. Nuestra separación fue tormentosa, dolorosa, difícil y litigada hasta el punto del odio, pero hoy superado ya ese odio, sigue apareciendo ese momento mágico.

Una de las últimas ocasiones fue con la muerte de mi padre. Cada vez que la recuerdo, algún nuevo matiz aparece para enriquecer el conjunto de la experiencia. Seguramente como consecuencia de mi camino, viví el momento con mucha plenitud. Comprendí que era el momento de poner fin a sus 94 años y que había acabado una etapa y, con su mano entre las mías, le deseé un feliz viaje. En el momento de la muerte, en el momento siguiente, se paró el mundo por unos instantes como si un alma se apeara en esa estación. Momentos mágicos.

En alguna contada ocasión, cuando te abrazas a tu amor, te fundes con él. En un feetback impensable sientes la caricia en las yemas de tus dedos y en su cuerpo al mismo tiempo. Como si fueras causa y efecto a la vez. Eres tú y eres el otro y al mismo tiempo dejas de ser tú. En esos espacios de tiempo, la mente racional se desconecta y pasas a otro estado en el que el corazón impone su ley y dirige las acciones. En esa contada ocasión en que a los dos les sucede, ambos se funden en un solo ser de amor infinito que lo llena todo. Momento mágico. No acabas de aprehenderlo en su totalidad cuando sucede ya que la mente no actúa, pero el corazón si atesora sentimientos que luego irán apareciendo una y otra vez.

Repasando hechos, compruebo que siguen una curva ascendente; conforme me acerco en el tiempo, mayor es su cantidad. ¿Es señal de atención en el momento? Todos tienen relación con seres: ¿Solo la conexión entre almas produce impresiones indelebles? Las emociones, los sentimientos no se pueden explicar de forma precisa; hay que experimentarlos. Hecho esto, sobran las palabras. Las más profundas emociones tienen que ver con la vida y con la muerte. Principio y final. Por en medio muchos recuerdos de vivencias se acumulan cuan panteón de dioses menores reclamando también su culto.

El yoga también me ha proporcionado experiencias de esta categoría. Momentos de unión extrema, de interiorización tal que sientes fundirte y derramarte dentro de ti. Experiencias que el corazón dirige y no la mente; uno solo las pone en marcha. Compañeros de viaje en la fe con los que en unos momentos de grupo sientes estas conexiones. Reuniones y meditaciones.

Una lección aprendo: Nada es eterno, todo pasa y se desvanece. Solo tiene valor el presente. El pasado ya pasó y el futuro no es más que una posibilidad. El pasado me permite aprender y estar más despierto para el presente; lo único importante. Los momentos mágicos sirven para saber que todo es posible.