sábado, 8 de agosto de 2009

Los grandes hombres

Los grandes hombres no tienen un rótulo luminoso de neón que parpadea sobre sus cabezas indicando: “santo en construcción”, ni carteles anunciando “próximo estreno”. Los grandes hombres están entre nosotros haciendo su callada labor, siguiendo ajenos su camino, mostrándonos su ejemplo seguramente sin saberlo, porque en los grandes hombres su grandeza es directamente proporcional a su modestia y no se consideran grandes hombres.

En ocasiones tenemos la suerte de coincidir con alguno, y solo en alguna de esas pocas ocasiones, somos conscientes de esa grandeza. En esas contadas ocasiones, tenemos la oportunidad de tomar ese ejemplo, de seguir ese camino que nos muestran. No a su ritmo, claro, porque tienen un paso muy largo para nosotros, pero nos sujetamos de sus flecos como a la cola de una estrella fugaz y experimentamos el tirón de su aceleración. Imposible para nosotros mantenernos sujetos a tan veloz medio, pronto perdemos el ritmo y caemos hacia nuestro compás inicial. Quizá una o dos veces en la vida, encontramos uno de esos grandes hombres que, durante un tiempo, sorprendentemente, parece girar alrededor de nosotros como estrella atraida por nuestra fuerza de gravedad. O tal vez somos nosotros que giramos como un satelite a su alrededor. Sea como fuere, esos giros provocan un embudo por el que nos deslizamos hacia el gran hombre, acelerando nuestra velocidad. Nos sentimos atraidos hacia él, y esa atracción nos lleva más allá de él, pues él no es el destino sino el mensajero. Ese es su ejemplo, así nos muestra el camino.

Si estamos despiertos y tomamos conciencia del momento, aprovechamos ese ejemplo preciosísimo por raro y subimos otro peldaño en esa escalera que ha de conducirnos hasta nuestra esencia, hasta nuestra alma, hasta la unión con el YO supremo.

Si tienes la suerte de encontrar uno de estos grandes hombres, da gracias a Dios por la oportunidad y a él por ser su instrumento y aprende, toma ejemplo.

P.E. Cuando digo hombre, me refiero a humano como ser humano más allá de cualquier sexo.

2 comentarios:

Marià dijo...

Ciertamente, y como apuntas, la clave consiste en estar atentos: cuántas veces una persona humilde, silenciosa, discreta, casi transparente al mundo y a nuestros ojos, rezuma algún o muchos puntos de sabiduría, a los que ojalá estubieramos despiertos cual trabajosa abeja en busca de nuevas flores y su néctar.

Mercedes dijo...

Menos mal que puntualizas lo del hombre...;-) Porque a ver si no iba a estar de acuerdo....